Norte de África y pueblos árabes: Las revoluciones en curso, la intervención imperiaista y las tareas de la izquierda

EDITORIAL Revista de Izquierda Internacional – Mayo 2011, Año 1, No. 1

El artículo titulado La salida son Gobiernos Obreros y Populares Laicos lo escribimos y publicamos al comienzo de las sublevaciones en el Norte de África, particularmente las de Túnez y Egipto y las que ya se esbozaban en otros países a principios de febrero. Han pasado muchas cosas desde entonces que es necesario actualizar.

La revolución tunecina sigue avanzando, arrojando gobiernos provisorios del poder uno tras otro y formando comités de autogestión. La revolución egipcia derrocó a Mubarak pero las Fuerzas Armadas, FFAA, parecen haber hecho algunas concesiones y enfriado un tanto, momentáneamente, el ímpetu de las masas, aunque las movilizaciones prosiguen.

Comenzaron protestas en Bahrein, donde está asentada la flota norteamericana, pero el sultanato recibió, para ayudarle a controlar la situación, tropas de Arabia Saudita y contingentes de policías de Qatar. En Yemén, la feroz represión no pudo impedir la ruptura, aunque parcial, de las FFAA y la caída del gobierno.  Allí el futuro es incierto.

En Siria han comenzado manifestaciones contra el régimen de Assad que, junto al de su padre, se ha mantenido en el poder durante décadas. Prácticamente no hay país de la región y mas allá, que no se halle afectado. También Libia conoció un proceso que comenzó con manifestaciones contra Muammar Muhammad al-Gaddafi, siguió con la ruptura del ejército regular y se halla en estos momentos en un estadío de guerra civil.

Precisamente en Libia comenzó también la intervención militar e imperialista. Aviones de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, NATO, bombardean sin misericordia blancos militares del régimen para evitar que fuerzas rebeldes fueran derrotadas y lograr que estas prevalezcan. Este hecho mostró un punto de inflexión.

Tanto EEUU como Europa, ni hablemos de Israel, ven con creciente pánico la extensión de los procesos revolucionarios contra los regímenes del área, hasta ahora los bastiones de la estabilidad, el nudo protector de Israel, la esencia de la estrategia geopolítica de EEUU y la estabilidad Europea. Todo eso está en peligro y Libia les permite a todas estas fuerzas intervenir militarmente tratando de influenciar la situación en toda la región.

La intervención militar imperialista debe ser rechazada enérgicamente. Está destinada a asegurar los intereses de EEUU, Francia, Inglaterra e Israel, sobretodo en el tema petrolero (Libia es una de las potencies productoras de crudo) pero también en la cuestión geopolítica de proteger a Israel contra todo desequilibrio, los dos puntales de la política imperial en el área.

El imperialismo busca también enviar un mensaje contundente a todos los procesos revolucionarios y democráticos en el área: o se estabilizan garantizando sus intereses o la fuerza militar será usada sin embagues. Es un mensaje que esencialmente colabora con los residuos del régimen de Túnez, las FFAA de Egipto, el sultanato de Bahrein y busca imponer un gobierno propio o dependiente del imperialismo en Libia.

Esta oposición frontal a la intervención imperialista no nos debe hacer olvidar la lucha sin cuartel contra los gobiernos autocráticos, dictatoriales y pro Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, imperialistas de los países del Norte de África. Todo lo contrario, el avance de la revolución puede dinamitar los esfuerzos de los imperios por controlarlas. Ni por un segundo se puede dar tregua a los gobiernos asesinos de Gaddafi, Bahrein, Siria o Yemén. Hacerlo sería asentir en el reemplazo de estos por otros que eventualmente serían similares, nuevamente en la órbita imperial.

No es fácil y lo sabemos.  En la mayoría de estos países no existen organizaciones revolucionarias de los trabajadores y donde las hay son débiles. Esas organizaciones, no se crean del día a la noche. Por eso, mas que declaraciones abstractas, fuera del Norte de África, nuestra tarea es la solidaridad con las que existen, material y de propaganda, la promoción de la oposición de masas a la intervención imperial y el combate contra las fuerzas que, aún en el campo de oposición a los gobiernos dictatoriales, intentarán llevar a estas revoluciones a los callejones sin salida del fundamentalismo religioso o la reacción, como pasó en Irán, Afganistán, Líbano y seguramente en algún otro país como Yemén.

En ese sentido, aunque desactualizada en los hechos, nuestra declaración de hace meses, conserva la validez política de sus enunciados. ■

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